Querer hacer cosas para ti… y no saber en qué momento
Hay una idea que aparece mucho: “tienes que sacar tiempo para ti”.
Suena bien.
Muy bien, de hecho.
El problema es: ¿de dónde?
Porque no es solo tener una hora libre.
Es tener una hora en la que no estés demasiado cansada, ni pensando en todo lo demás, ni con algo pendiente que te esté rondando la cabeza.
Y esas horas no abundan.
A veces lo intentas.
Dices: vale, ahora.
Y te pones con algo que te apetece. Leer, hacer algo, incluso lo de la mini huerta.
Pero no siempre funciona.
Porque aunque tengas el tiempo, no siempre tienes la cabeza.
Sigues pensando en lo que falta. En lo que viene después. En si deberías estar haciendo otra cosa.
Y entonces ese rato “para ti” no descansa tanto como debería.
Otras veces sí.
A veces consigues engancharte a algo. Te metes en ello y durante un rato no piensas en nada más.
Y ahí notas la diferencia.
Pero no es constante.
No puedes depender de eso como solución.
Lo que pasa muchas veces es que te exiges que ese tiempo exista de forma perfecta.
Que sea productivo, que te recargue, que tenga sentido.
Y claro, no siempre cumple.
Igual que no todos los días en la carrera son buenos, no todos los ratos “para ti” lo son.
A veces son mediocres.
A veces te distraes.
A veces no te apetece tanto como pensabas.
Y eso también es normal.
Porque al final no se trata de optimizar cada momento.
Se trata de tener algunos momentos que no estén ocupados por todo lo demás.
Aunque no sean perfectos.
Aunque no los aproveches al máximo.
Aunque solo sirvan para parar un poco.
Que, viendo cómo va el resto del día… ya es bastante.